MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Acceso a vivienda en México, el dédalo inmobiliario

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Nuestro país enfrenta múltiples problemas para adquirir una vivienda: existe un laberinto intrincado, difícil de librar, sobre todo para quienes menos tienen. En México existen diversas barreras que dificultan el acceso a una vivienda digna. Entre los principales obstáculos se encuentran la falta de recursos económicos, la desigualdad, la tramitología para acceder a subsidios, los altos costos del mercado inmobiliario y la imposibilidad de obtener un financiamiento.

Además, la informalidad en el empleo y las transacciones inmobiliarias, así como problemas estructurales en las viviendas —como la humedad y las grietas— también representan desafíos importantes.

La falta de vivienda causa tensión y dificultades económicas en la sociedad: daña la salud, provoca inseguridad, incrementa los problemas de salud mental y genera mayor pobreza.

En México se estima que hay un déficit de 8 millones de viviendas. Desde que Morena llegó al poder, por varios años se olvidó de esta importante necesidad del pueblo mexicano, provocando enormes desarrollos informales con falta de servicios básicos. La inversión en vivienda es insuficiente, sobre todo en vivienda social. Por eso, es necesario fortalecer los programas de apoyo a la vivienda para familias de bajos ingresos, tanto en la adquisición como en la mejora de sus viviendas.

El Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente (Iteso) señala que 14 millones de familias de escasos recursos, con la nueva política del gobierno neoliberal morenista, ven lejana la posibilidad de adquirir una vivienda digna debido al precio de las casas de nivel medio, que superan el millón de pesos, y porque el programa de mejoramiento urbano del sexenio pasado fracasó. En este periodo, la promesa hecha en campaña no camina.

El país crece, pero el rezago ya es muy grande. La población rural cada día se reduce, concentrándose en las grandes ciudades, lo que provoca el aumento de la pobreza, la inseguridad, las enfermedades y la explotación, al formarse el llamado ejército de reserva. La falta de vivienda causa tensión y dificultades económicas en la sociedad: daña la salud, provoca inseguridad, incrementa los problemas de salud mental en la población y genera mayor pobreza al aumentar las personas sin hogar.

Según el Iteso, se necesitan ingresos de 93 mil 600 pesos al mes para poder comprar una vivienda. El problema es que, según datos oficiales, el ingreso mensual promedio nacional por hogar es de apenas 21 mil 35 pesos. Con estos datos podemos ver que es casi imposible aspirar a tener una casa propia.

Luis Armando Díaz Infante, secretario nacional de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC), expuso que actualmente pagar un crédito hipotecario para una vivienda de 2 millones de pesos exige un pago mensual de 20 mil pesos y demostrar ingresos de al menos 60 mil pesos mensuales, lo que equivale a 7 salarios mínimos. El 70 % de la población no tiene este nivel económico.

El problema es grave, ya que aproximadamente en 2025 se necesitarán 2.8 millones de casas y, para 2030, se requerirán 6.6 millones de viviendas. Los estados más rezagados son Veracruz, Coahuila, Morelos, Oaxaca, Guerrero y Baja California, donde se concentra el 50 % del déficit nacional. Ante la imposibilidad de adquirir vivienda, la población se ve obligada a rentar. Esta es una nueva modalidad que ha encontrado el sistema para seguir explotando al pueblo. Según el Inegi, el 16.4 % de las 35.3 millones de viviendas particulares habitadas en el país se encuentran en régimen de renta. En 20 años, se estima —según la CIC— que esta cifra podría elevarse al 50 %.

El problema de la vivienda es una consecuencia del sistema capitalista en México. Los capitalistas, los grandes ricos que dominan la economía, no quieren ni pueden proporcionar a los trabajadores y al resto de capas oprimidas de la sociedad mexicana una vivienda digna y asequible. Bajo esta administración morenista, cualquier solución parcial no es más que un parche que vuelve a reproducir el problema.

El crecimiento del capitalismo provoca la especulación inmobiliaria y la concentración de la población en las ciudades, impulsadas por el capital, generando una crisis habitacional. Así que los programas de vivienda y mejoramiento, y ahora su novedad: la renta de viviendas por parte de las autoridades, son insuficientes y solo sirven para maquillar la realidad, los problemas del sistema y del “segundo piso” de la 4T.

La solución está en un cambio profundo de la sociedad, en una verdadera sacudida de conciencia. Es necesario cambiar este sistema corrupto por otro más justo.

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