MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Necesitamos coraje y organización para un México con dignidad

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Aunque el enfoque de la Nueva Escuela Mexicana sostenga que no deberíamos hablar de la conquista española para que no pasemos a la historia como “pobres mexicanitos”, “débiles e indefensos”, es imposible esconder o negar los casi 300 años de saqueo, sometimiento, explotación y exterminio de la nación mexicana por el imperio español del siglo XVI. Los buitres de la historia, carroñeros como son, han querido borrar de los anales el verdadero rostro y la fuente de la riqueza original de los grandes potentados y de los grandes imperios que ha conocido la humanidad.

Lo más lamentable es que el pueblo llano todavía no es capaz de asimilar que jamás, en la historia de la humanidad, los cambios sociales verdaderos se han hecho o han venido desde arriba.

Todos sabemos que el 12 de octubre de 1492 Cristóbal Colón llegó a América; ese día fue bautizado y conocido por muchos años como el “Día de la Raza”, porque, para la época, era natural hablar de razas: blancas, negras, etcétera, para hacer distinciones. Sin embargo, en España, durante el franquismo, se cambió el nombre a “Día de la Hispanidad” y, en 1987, se volvió a cambiar por “Fiesta Nacional”, usando eufemismos para maquillar la verdad. Alguien dijo: “En América todos tenemos algo de sangre originaria, algunos en las venas y otros en las manos”; esto es así a pesar de tergiversar la historia.

Actualmente, ante tanta polémica en redes sociales —sobre todo por las ocurrencias de Andrés Manuel López Obrador cuando era presidente de México—, cabe recordar que, mediante una carta, en 2019 exigió a los reyes de España y al papa que pidieran perdón a los pueblos originarios por las violaciones y agravios a los derechos humanos ocurridos durante la Conquista, hace un poco más de 500 años.

En contraste, por el otro lado del mundo, donde las cosas se conciben de otra manera, los conquistadores eran justificados como salvadores; es más, no fueron calificados “ni de genocidas ni esclavistas; fueron héroes y santos”, aunque se sepa que muchos de los que acompañaron a Hernán Cortés, por ejemplo, eran personas salidas de las cárceles o condenadas, que no tenían nada que perder; al contrario, los motivaba el deseo de riqueza fácil, oro, tierras y un buen nombre. Sin embargo, para sus herederos fueron “héroes y santos”, como no puede ser de otra manera.

Alguien se preguntará: ¿a qué viene todo este cuento? Simplemente, porque el gobierno morenista protege intereses privados, ahora asentados en casi todo el territorio nacional y con el control de los “tres poderes”. En los hechos, así ha sido siempre, antes y ahora.

El poder es controlado por el Ejecutivo, al menos sobre el pueblo llano, porque en ninguno de los tres poderes se encuentra justicia real. Como es lógico en este sistema capitalista, el gobierno morenista y las leyes están para proteger la propiedad privada —fundamentalmente los medios de producción— y, por lo tanto, la riqueza, producto del trabajo cada vez más colectivo, mientras que la apropiación es privada.

En este modelo económico del neoliberalismo, todo se ha ido privatizando; cada vez se va entronizando más en la vida de los mexicanos; por eso la salud es privada, la educación es privada, la justicia es privada; pero, eso sí, la deuda externa que se ocupa para hacer jugosos negocios de los poderosos encumbrados en el poder, esa sí es pública.

Todo esto lo padecen los mexicanos; lo sufren día a día; pero ¿por qué la mayoría sigue pasiva, como si no pasara nada? Porque el “opio” de las “tarjetitas”, la venda de las transferencias monetarias, no los deja ver. Por eso, aunque cada día es más cara la gasolina, la canasta básica, los medicamentos, y la delincuencia está desatada, a pesar de las promesas de Andrés Manuel López Obrador con la Cuarta Transformación —que dijo que iba a resolver los problemas económicos del país sin endeudarlo más—, sabemos ahora que se ha duplicado la deuda externa; que iba a combatir la corrupción, sin embargo, esta se ha acentuado. 

¡Cuántos trapitos sucios han salido de los potentados de Morena! (por ejemplo, alianzas con la delincuencia, que son los mismísimos capos del huachicol). Además, se comportan como dictadorzuelos: desde Layda Sansores hasta el “Topo Gigio” de Armenta. Rocío Nahle dice que todas las muertes son provocadas por infarto, porque a las víctimas “se les para el corazón” al ser golpeadas o disparadas por la delincuencia. El mismo Jesucristo murió por infarto; nada tuvo que ver la cruz y los romanos. ¿Y el pueblo bueno y sabio? Callado, sumiso, esperando el depósito en su Tarjeta del Bienestar.

Por todo esto y más, es por lo que digo que al pueblo mexicano le falta coraje y organización más que pan. La miseria de nuestro pueblo es tanta, que se conforma con la limosna oficial, a cambio de “laissez faire, laissez passer”, o sea, “dejar hacer, dejar pasar”. No se da cuenta de que están enlodando el nombre, pues todo se hace en “nombre del pueblo”.

Lo más lamentable es que el pueblo llano todavía no es capaz de asimilar que jamás, en la historia de la humanidad, los cambios sociales verdaderos se han hecho o han venido desde arriba.

Esos que dicen ser redentores del pueblo no son más que oportunistas, traidores al pueblo, porque, a cambio de saciar sus ansias de poder, mantienen vivo y fortalecen al sistema explotador; no le han tocado ningún pelo. Están actuando como los invasores: dan cuentas de vidrio a cambio de oro; en otras palabras, los corsarios y piratas de Morena están comprando la dignidad de la clase trabajadora para que, en su nombre, hagan fechorías de todo tipo.

Lo peor de todo es que hacen creer que están haciendo la revolución, que el pueblo no necesita levantarse y sacudirse el yugo de sometimiento, que debe esperar las transferencias monetarias como si fuera “mascotita”, como una vez lo llamó el más fiel servidor de los yanquis, ya saben quién.

Entonces, ¿el pueblo mismo es culpable de todo? No, porque los “CuaTreros” y saqueadores de ahora han sedado a las masas populares con las “tarjetitas”, aprovechándose de la necesidad, de la miseria y de la ignorancia que todavía campean en nuestro México en pleno siglo XXI. ¿Qué hay que hacer? 

Debemos conocer nuestro pasado glorioso y aguerrido; debemos llevar la antorcha que ilumina a nuestro pueblo, sumido en la ignominia, para recordarles quiénes fueron, quiénes son y quiénes pueden ser. Si les quitamos la venda de los ojos, una vez más, deben unirse, organizarse y erguir la cabeza; sacudirse el yugo de la tiranía; gobernarse ellos mismos, tal cual fue con los antiguos mexicanos antes de la Conquista:

¡Que se levante la aurora!

Y sean nuestros pechos murallas de escudos,

sean nuestras voluntades lluvia de dardos

contra nuestros enemigos.

Que tiemble la tierra y se estremezcan los cielos,

los mexicanos han despertado y

se yerguen para el cambio.

(Tlacaélel).

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