El empresario mexicano Carlos Slim Helú “ganó en un segundo lo que a una persona promedio en México le toma una semana completa de trabajo”, afirma Oxfam, en su informe global “Contra el imperio de los más ricos. Defendiendo la democracia frente al poder de los milmillonarios”, mismo que fue difundido hace unas horas.
Los más ricos del mundo han construido su poder político comprando el apoyo político, invirtiendo en legitimar el poder de las élites y garantizándose un acceso directo a las instituciones.
No es una cuestión de “suerte en los negocios” o de “mucho trabajo”, no. Nada de eso. El problema es que vivimos en un sistema económico en el que los empresarios —la clase burguesa de México y el mundo— se apropian del plusvalor que los trabajadores dejan en las fábricas todos los días.
El sistema económico en el que vivimos no está pensado para que todos puedan tener lo necesario para vivir decentemente, sino que está pensado para que los dueños de los medios de producción cada día se hagan más ricos, mientras que la mayoría de la población sólo tiene lo mínimo necesario para alimentarse y volver a trabajar al día siguiente.
“Mientras la riqueza de los milmillonarios ha crecido en promedio un poco más de 491 mil dólares al día, un trabajador con salario mínimo necesitaría 102 años para alcanzar esa misma fortuna. Este desequilibrio perpetúa élites que compran influencia política y reproducen la desigualdad por generaciones”, advierte Gloria García-Parra, directora regional de Oxfam en América Latina y el Caribe (El Universal, 19 de enero de 2026).

En el resumen ejecutivo de la publicación de Oxfam se dice: “En 2025, la riqueza de los milmillonarios aumentó tres veces más rápido que la tasa anual promedio de los cinco años anteriores. Un estudio ha revelado que los países más desiguales tienen hasta siete veces más probabilidades de experimentar erosión democrática que los países con menos desigualdad.
Los milmillonarios tienen 4 mil veces más probabilidades de ocupar un cargo político que la gente corriente. Con lo que se incrementó la riqueza de los milmillonarios en el último año se podrían distribuir 250 dólares a todas las personas del planeta y, aun así, los milmillonarios continuarían siendo más de 500 mil millones de dólares más ricos.
Los doce milmillonarios más ricos del mundo acumulan, en conjunto, más riqueza que la mitad más pobre de la población mundial, es decir, más que 4 mil millones de personas”.
Más adelante, el mismo documento sostiene que en 2025 el mundo fue testigo de la toma de posesión de un presidente milmillonario: Donald Trump en Estados Unidos de América, “que se rodeó de un gabinete con varios milmillonarios”.

Pero el control del dinero sobre la política no sólo sucede en nuestro vecino del norte, sino en todo el mundo. Oxfam nos dice: los más ricos del mundo han construido su poder político comprando el apoyo político, invirtiendo en legitimar el poder de las élites y garantizándose un acceso directo a las instituciones.
Oxfam critica que “los milmillonarios y los superricos llevan mucho tiempo utilizando sus ingentes fortunas para comprar a responsables y partidos políticos”.
En México sucede lo mismo: los partidos políticos son propiedad o están comprados por la clase empresarial, que es la que decide quién gana las elecciones, qué leyes se crean y cómo se gobierna al país, siempre pensando en el beneficio de los empresarios y en perjuicio de los millones de trabajadores que día con día salen a ganarse el pan con el sudor de su frente.

Más todavía. El informe de Oxfam afirma que los “gobiernos de todo el mundo están tomando la decisión incorrecta, al anteponer los intereses del gran capital frente a la defensa de las libertades. Poniéndose del lado de los más ricos”. En México, el 0.2 % posee el 60 % de la riqueza del país.
De manera que, en México, el gobierno que se proclamó como el de “primero los pobres” es el que ha logrado —con todas sus políticas económicas— que la clase empresarial se haga más rica y que los trabajadores mexicanos sigan siendo pobres, ganando en su mayoría uno o dos salarios mínimos que no alcanzan para comprar la canasta básica, ni dar educación y salud a cada uno de los integrantes de la familia.
Es necesario que el pueblo pobre se organice en Antorcha y se politice bajo la idea de que la verdadera lucha contra la pobreza sólo se realizará cuando ese pueblo tome el poder político de México e implemente cambios radicales en la economía.
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