En nuestro querido México, actualmente gobernado por la “Cuarta Transformación”, su pueblo, necesita al menos para vivir $4,878 al mes para que el gobierno no la considere pobre. En el campo, ese umbral es de $3,495. Si tus ingresos no llegan a eso, el Estado asume que no puedes cubrir lo básico: comida, salud, transporte, ropa y educación. Estas cifras, conocidas como Líneas de Pobreza por Ingresos, las actualiza cada mes el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), con los precios reales que pagan los hogares mexicanos.

Pero eso no es todo, hay un nivel todavía más crítico: la pobreza extrema, que sólo mide si alcanza para comer. Ahí, una persona en zona rural necesita $1,888 mensuales, y en la ciudad, $2,517. Son los montos mínimos para no pasar hambre, cuando menos.
Sin embargo, la situación de los mexicanos se torna muy difícil y de eso no dice nada el gobierno y es que la comida se está encareciendo más rápido que todo lo demás. La canasta alimentaria subió 6.5% en ciudades y 5.6% en el campo durante el último año, mientras que la inflación general fue de 4.0%. Eso significa que quienes menos tienen son los más golpeados, porque destinan una parte mayor de su ingreso a los alimentos.
A manera de ejemplo, el campeón de los aumentos fue el jitomate: subió 60.2% en un año. Sí, más del doble de precio. Le siguen el bistec de res con +14.2% y los alimentos y bebidas fuera del hogar con +7.2%. Para una familia que ajusta cada peso, estos números no son estadísticas: son tortillas menos, proteína que desaparece del plato en el hogar de los mexicanos.
Lamentablemente, la comida no es lo único que aprieta el cinturón de los trabajadores, el encarecimiento del costo de vida también se refleja en las actividades cotidianas fuera del hogar. El transporte público experimentó incrementos notables, una subida de 6,6% en zonas rurales y de 6,0% en áreas urbanas.
Este aumento impacta directamente en quienes deben movilizarse diariamente para trabajar, estudiar o acceder a servicios básicos, especialmente en regiones donde las alternativas de movilidad son limitadas.
En la misma situación, se aprecia en los rubros de educación, energía eléctrica, salud, vivienda, bienestar, esparcimiento, etcétera. Pues aunque el Gobierno federal hable de inflación controlada, en la vida cotidiana de millones de mexicanos los precios que más importan --la comida, el camión, la salud--, siguen subiendo por encima del promedio. El poder adquisitivo sigue bajo presión, sobre todo para quienes ya estaban en el límite.
Por otro lado, nuestro país al ser un país que depende de otras economías para mantener estabilidad y crecimiento económico, lo que suceda en otros países como Estados Unidos (EE. UU.), tiene un efecto mayor en México. En los últimos días, la inflación en el país no deja de aumentar y está provocando un golpe duro en los bolsillos de los mexicanos.
Para evitar un golpe mayor en la economía de las familias, el Estado debería crear programas para subsidiar y asegurar la seguridad alimentaria; mejorar el aumento de los salarios y crear más, pero de forma permanente; sólo así los mexicanos tendrán condiciones para soportar esta subida de precios y ayudar a mejorar la economía del país.

Está claro que México necesita un modelo económico diferente y mejor, el cual debe contemplar fundamentalmente la eliminación de la pobreza, en Quintana Roo y en todo México alcanzando una vida más digna para todos los mexicanos.
Para eso va a ser necesario un cambio de rumbo en el país. Se necesita un gobierno de los pobres y para los pobres que impulse la economía y garantice el bienestar de la clase trabajadora. Acceder a mejores oportunidades de vida, no es un capricho y tampoco debe reducirse a una ilusión, es tarea del pueblo organizado y consciente lograrlo.
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