MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

El “fracking” en México, ¿moneda de cambio?

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• Más de seis décadas de bloqueo a Cuba y el debate por el fracking reavivan la discusión sobre soberanía y recursos

Se habla en la actualidad mucho de soberanía nacional y es correcto. Pero, entendida esta como la voluntad suprema dentro de un Estado, se requieren condiciones objetivas, independientes de la voluntad, para poder hacerla efectiva, empezando por la sustentabilidad alimentaria, sin la cual es mera ficción aquella, pero también tiene que ver con la economía en general, el manejo y aprovechamiento de los recursos naturales, así como con la capacitación de la fuerza de trabajo, incluidos, por supuesto, los avances tecnológicos indispensables para sostener a la nación entera en condiciones de igualdad, cuando menos relativa, frente a todas las demás naciones del orbe que son otros tantos Estados “soberanos”.

Hoy yace por los suelos, chorreando chapopote, el “nacionalismo”, que antes enarbolaba la lucha contra el fracking.

El ejemplo es Cuba, que aún en medio de un criminal bloqueo por parte del imperialismo, que, violando toda norma de derecho internacional, con sus buques de guerra le impide a otras naciones comerciar con la isla para asfixiarla mediante el bloqueo energético, que impide el ingreso de petróleo, alimentos y todo cuanto es necesario para sostenerse en este mundo globalizado, en el que las cadenas de suministros, o mejor dicho, la internacionalización de los procesos productivos, requieren de la interacción constante y continua entre los países, que ya no pueden depender, en alguna medida, de los componentes fabricados en otros lados del mundo.

Digo que es digno el ejemplo, porque más de seis décadas han pasado desde que se decretó unilateralmente el bloqueo por parte de la supremacista nación del norte, cabeza del imperialismo mundial, y ahí sigue de pie, pero no sólo sosteniéndose por sí sola, sino además aportando al mundo educación de calidad, médicos altruistas y desinteresados comprometidos con la salud mundial que salvaron a miles y miles durante la pandemia e incluso en países de Europa supuestamente desarrollados como Italia y España, pero en estos días acaban de lanzar al mundo, de regalarle a todos los enfermos del terrible padecimiento del cáncer, una vacuna no sólo efectiva sino con un método completamente innovador.

Atacado arteramente, sometido a un despiadado bloqueo que provoca hambre y deja sin luz casas, hospitales, escuelas y laboratorios, y, sin embargo, se levanta, gigante como siempre, el pueblo cubano para ejemplo del mundo, de soberanía y autodeterminación, con su revolución hecha pueblo y su pueblo hecho revolución socialista, que es lo que no les perdonan los ricachos del mundo que viven a expensas del dolor ajeno.

Aquí, por accidente, se habla de la injerencia e intervención de centrales de inteligencia extranjera en suelo patrio; aquí viene en plan de negocios el representante de uno de los más poderosos grupos financieros, llamados fondos de inversión, llamado Black Rock, a entrevistarse con los gobernantes y, desde luego, no se crea que para hablar del clima y las bellezas de nuestro país, sino de negocios, de condiciones y ventajas contantes y sonantes para los representantes del capital mundial.

Aquí se nos amenaza con la intervención directa —eufemismo de invasión— por el asunto de los llamados carteles, pero también se nos cobran cuotas de agua que dejan secas las presas fronterizas del país y desamparan a los productores nacionales, así como se negocia con un “cuchillo en el costado” el mentado T-MEC, que no es sino el TLC remasterizado con ventajas adicionales para nuestros ambiciosos vecinos del norte.

Y a todo esto viene a sumarse ahora la “novísima” comprensión desde las altas esferas del poder, que en aras del desarrollo energético del país debemos aceptar la implementación en nuestro territorio del fracking o fracturación hidráulica de yacimientos gasíferos y petroleros no convencionales.

La lucha contra esta técnica contaminante y altamente dañina para los recursos hídricos, que promueven las grandes petroleras de Estados Unidos en territorios ajenos, fue otrora bandera distintiva del “nacionalismo” de la autollamada 4T, y hoy yace por los suelos chorreando, por lo pronto, chapopote. 

Es a la que se oponen, con justeza, desde mi punto de vista, varias comunidades que verían, de llevarse a cabo el proyecto, afectados sus recursos y envenenado su hábitat y su hogar.

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