“El pueblo debía permanecer ignorante y sumiso para acrecentar el dominio de Su Majestad, y para que los príncipes pudieran seguir gobernando sobre Alemania” fragmento que se lee en la obra: “El Prometeo de Tréveris, Carlos Marx” del autor Gunter Radczun, en el que nos deja ver como no es nuevo el hecho de que las clases poderosas quieran perpetuarse en el poder a costa de la inmensa mayoría que no tiene nada; desde que la sociedad se dividió en clases sociales. Por tanto, es inherente a esas sociedades, que los que tienen el poder en sus manos, trabajan incansablemente para preservar ese dominio. Una de estas formas es -como señala el fragmento citado-, mediante la utilización de la ignorancia. Cuando un pueblo es ignorante (que ignora la realidad en la que vive) y desconoce porqué vive en la pobreza, a pesar de que es el que realmente trabaja y produce la riqueza social, no critica esa injusticia, no cuestiona el orden que produce la abismal desigualdad, y sobre todo, no tiene la mínima intención de luchar por cambiar esa realidad tan adversa. La ignorancia lo conduce al punto en el que se acostumbra a esa condición opresiva. Se acostumbra a no tener una vivienda digna, no poder curarse las enfermedades más curables; siente que no poder alimentar a su familia y no garantizar una buena educación para sus hijos es algo natural e inevitable.

Sí la población que vive de esta manera -que es la inmensa mayoría de mexicanos- pudiera obtener conciencia política de su situación, no se acostumbraría a la injusta distribución de la riqueza, de esta forma y con la orientación de su propia organización clasista, adquiría conciencia de clase. Esto lo impulsaría a decidirse a luchar por una vida menos dura, menos amarga y menos difícil. Sin embargo, los que mantienen funcionando a la sociedad basada en la explotación, utilizan todos los mecanismos posibles para mantener a los trabajadores adormecidos, y utilizan el método de ir resolviendo demandas económicas de poca monta, viles engañifas, y así, hacer muy difícil que sean los trabajadores conscientes de que no siempre se ha vivido de esta manera, sino que hubo una época en la que no había diferencias de clase. Obnubilar las mentes de los trabajadores es un cometido de las clases pudientes para impedirles comprender a los trabajadores que, a través de la historia, los oprimidos podemos darnos cuenta de que la realidad actual se puede cambiar y se puede luchar por lograr conquistar la proeza de que todos los seres humanos tengamos una mejor vida. Para saber hacia dónde es que debemos encaminarnos, los jóvenes, los hombres y mujeres más conscientes debemos de impulsar el conocimiento de que es necesario un cambio profundo en la estructura social lo que permitirá un mejor reparto de la riqueza social
Para dar ese paso, necesitamos personas pensantes, capaces de criticar y de analizar, aquí radica la importancia de evitar a toda costa que el pueblo sea ignorante, es de suma importancia que los niños estudien y se preparen para que sean más despiertos y como dice la frase “sean el futuro de la patria”. No es, por tanto, ninguna casualidad que los que dirigen la educación pública en México sean promotores de que los niños, adolescentes y jóvenes tengan una educación pésima, lo que concuerda con esa aspiración de sumir cada vez más y más a su pueblo en la completa ignorancia.
Como claro ejemplo tenemos la brillante propuesta de que el ciclo escolar se terminara el 5 de junio, que hizo el secretario de educación, Mario Delgado, quien pensando que engañaría al pueblo, al proponer reducir el calendario escolar para que de esta manera “los niños no sufrieran las temperaturas altas que se pronostican en varias partes del país para esta temporada”.
Lo que no calculó el secretario de educación y los integrantes del aparato gubernamental es que, los padres de familia, preocupados por las repercusiones que esta decisión traería consigo, manifestaron su inconformidad y lograron que la propuesta no fuera aprobada.
No podemos dejar pasar este acontecimiento, por dos razones: la primera y muy evidente, es la intención de mutilar más a la educación, rebajando la calidad de la misma (muy mala ya de por sí); la segunda es que el pueblo, cuando protesta, logra sus propósitos. En este caso, lograron que sus hijos tengan las clases completas.

Sin embargo, aunque se detuvo a la burocracia insensible, no podemos decir que la educación ya cambió en México. No obstante, esta rebelión de los padres de familia, nos indica que este es el camino que debemos seguir ante las injusticias. No basta con mantener el calendario escolar, se necesita cambiar todo el esquema en que funciona la educación del país. Pero para lograr eso debemos tener presente que la lucha organizada puede rendir frutos dando mejores beneficios para la clase trabajadora y sus hijos.
Los niños y los jóvenes necesitan ser pensantes, necesitan una educación de excelencia; los padres de familia deben adquirir conciencia de clase, para dar la batalla por una educación científica, democrática y al servicio de los intereses del pueblo.
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