El pueblo de Quicayán, perteneciente al municipio de Tecomatlán, es un enclave pequeño en los márgenes de los ríos Acateco y Mixteco. Sus pobladores se dedican principalmente a la agricultura, la ganadería y, en buena medida, a los apoyos recibidos por las remesas de los paisanos que van a trabajar, fundamentalmente, a Nueva York (EE. UU.). Es una población que combina la tradición local y la inevitable influencia extranjera por la vida urbana de Nueva York; sin embargo, es muy importante destacar que la tradición local, el cariño por su terruño y por sus tradiciones, predomina entre los pobladores de Quicayán.
Algunos paisanos que tienen papeles ya en EE. UU., se esfuerzan por venir a la fiesta patronal anual en honor a San Gabriel Arcángel. Dejan todo en Nueva York y vienen a visitar a sus paisanos y familiares para disfrutar, apoyar y convivir con los habitantes de la comunidad.
La innata capacidad de organizarse del pueblo se refleja en la planificación de la procesión y la solidaridad de los lugareños, que cargan el santo y solidarios se relevan para subir a la cumbre de un cerro donde está la capilla destinada a San Gabriel Arcángel. Desde la capilla se vislumbra el panorama de la comunidad entera y se nota el paso del río y los sembradíos que viven gracias a las aguas de este río.
Destaca la solidaridad y organización de la comunidad, pues prepararon barbacoa de res y de chivo para ofrecer la comida desinteresadamente a la gente. Esta vez se veía a miembros de la comunidad con charolas distribuyendo comida; activistas de Antorcha distribuyendo bebidas en cubetas; las directoras antorchistas de la primaria y de la secundaria técnica, que bien podrían no integrarse a las labores, pues ya había terminado su horario de trabajo, estaban ayudando solidariamente a servir la comida, retirar los platos de las mesas y estar atentas por si faltaba algo a los comensales.
Una representación de colonos, estudiantes, maestros y directivos de las escuelas tecomatecas, acudió a la feria, así como la autoridad municipal encabezada por el presidente de Tecomatlán, el profesor Avelino Cándido Rivera Campos. Después de la comida ofrecida a todos los asistentes, sin excepción, se realizó la tradicional procesión organizada por el pueblo, sin autoridad eclesiástica presente. Al término se trasladó la gente a la explanada de la inspectoría municipal, cuando de pronto una lluvia inesperada asomó el rostro y, con su llanto humedeció la noche, trayendo consigo el viento fresco que se agradece en una zona tan calurosa como la región mixteca.
Llovía constantemente, pero pudo organizarse el evento cultural gracias a la techumbre de la inspectoría. El programa cultural estuvo a cargo de la Escuela Secundaria Técnica No. 16 de Tecomatlán, parte de las escuelas antorchistas del municipio. Antes de detallar lo presentado en el programa cultural, debo decir que ésta es una distinción esencial de la actividad de nuestra organización, el Movimiento Antorchista, pues los actos culturales matizan nuestras tradiciones, generan unidad política e identidad nacional, por lo que resultan fundamentales para la educación política antorchista del pueblo de Quicayán y destacan respecto a la organización de otras ferias.
El evento cultural presentó la poesía llamada “Las manos feas”, del escritor hindú Rabindranath Tagore, que relata, al inicio, el disgusto de un hijo ante las deformadas manos de su madre, pero cuando el padre le cuenta una historia en la que le narra que una madre, por apagar las llamas del fuego del mosquitero con sus manos, las carbonizó, pero salvó la vida del pequeño, el niño se percata de que era su madre quien lo había salvado con su heroísmo a costa de sus manos, que resultaron dañadas por el fuego: “El niño comprendió y, en un segundo, // voló hacia su madre, le besó las manos, // diciendo entre sollozos sobrehumanos: // ¡no hay manos cual las tuyas en el mundo!”
También fue declamada el poema “Los parias”, que es una composición de rebeldía y reivindicación. No sólo lamenta la pobreza, sino que señala la dignidad herida y lanza un grito de protesta contra el sistema opresor. “El proletario levanta el muro, // practica el túnel, mueve el taller; // cultiva el campo, calienta el horno, // paga el tributo, carga el broquel; // y en la batalla sangrienta y grande, // blandiendo el hierro por patria o rey, // enseña al prócer con noble orgullo // ¡cómo se cumple con el deber!”
Se presentaron canciones como “La norteña”, “El carnavalito”, “Recuerdos de Ipacaraí” y, finalmente, con entusiasmo, colorido, destreza y juventud, se presentó el grupo de danza de la Secundaria Técnica No. 16 de Tecomatlán. Bailaron sones de Zacatecas y bailes del Norte de nuestro país. Faldeo, fuerza en el zapateo, coreografías elegantes, entre otras gratas emociones se pudieron apreciar con la energía juvenil de sus bailes. Una pequeñita con rasgos indígenas bailó con fuerza, seguridad y emoción. Los pobladores de Quicayán que asistieron, se emocionaron y, además de los aplausos, lo demostraron sacando sus celulares para usarlos como cámaras y grabar el momento y otros, incluso, para transmitir orgullosos el programa cultural en vivo.
Más adelante se efectuó el tradicional jaripeo ranchero profesional y contamos con la presencia del gran Raúl Bernabé, la voz oficial de la Feria de Tecomatlán y un maestro morelense experto en el jaripeo ranchero, a quien se le agradeció su presencia por enaltecer la feria de Quicayán, apoyada por el Movimiento Antorchista y la presidencia municipal antorchista de Tecomatlán.
La lección es clara: cuando el pueblo se organiza, como afirma el poema de Salvador Díaz Mirón, ¡la tierra tiembla bajo sus pies!, nada le puede detener. Se planteó la importancia de la unidad popular, de defender las tradiciones como símbolo de unión y fortalecer la conciencia para defendernos de los ataques del gobierno norteamericano de Donald Trump, que, de hecho, ya maltrata a nuestros paisanos que, aún necesitándolo, no se han ido para EE. UU. por temor a que los deporten y no puedan entrar en los siguientes 10 años.
La feria de Quicayán, organizada por los pobladores y apoyada decididamente por los antorchistas tecomatecos y por el presidente municipal de Tecomatlán, es una muestra de que el pueblo tiene una tradición heredada de nuestros antepasados para organizar las fiestas o reuniones del pueblo; ahora hay que elevar la mira para organizar a los pueblos y que sean ellos quienes gobiernen a México y no unos cuantos que tienen el poder y mandan sobre nosotros.
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