MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Apoyar a Irán es apoyar a los pueblos oprimidos del mundo

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El gobierno de Estados Unidos es uno de los grandes criminales de la historia. El 28 de febrero de 2026, junto con Israel, bombardeó una escuela, dejando alrededor de 170 menores sin vida, en su mayoría niñas. Una escena dolorosa, un crimen de guerra en el que no cabe el perdón.

El aparato del imperio está hecho para una guerra total, no para la paz. El gran agresor, la verdadera amenaza mundial, es Estados Unidos.

Pero no es el único crimen perpetrado por estos países: Palestina es un territorio asediado por el imperialismo; Cuba vive bajo amenaza; a Venezuela le secuestraron a su presidente, Nicolás Maduro, el 3 de enero.

Y podríamos hacer una larguísima lista de homicidios, masacres y abusos del imperialismo yanqui durante el último siglo. Por eso, apoyar el triunfo de Irán en la guerra es apoyar a todos los pueblos oprimidos y amenazados del mundo.

La guerra que se desarrolla en Medio Oriente, que en realidad es una guerra mundial, una misma guerra del bloque subordinado al imperialismo contra quienes no se arrodillan ante él, no se da sólo mediante el bombardeo sistemático en Irán, sino también, y con mucha fuerza, en el ámbito mediático.

No es de extrañar que los noticieros afines a Estados Unidos, cuyos dueños son empresarios adinerados, así como las redes sociales, también en manos de supermillonarios, y cientos de medios de comunicación afines al sistema capitalista, apoyen con todo su poder a Israel y a los yanquis. No es de extrañar, porque la guerra está demostrando las tendencias y la unidad de clase mundial de los capitalistas.

Ellos tienen una amplia artillería mediática. Se unen para defenderse. Quieren hacer creer que los malos son los iraníes, los rusos, los chinos y los cubanos; que los países no alineados del Medio Oriente son terroristas, cuando el verdadero terror lo han sembrado Israel y Estados Unidos en esa región del mundo.

El superimperialismo, Estados Unidos, es el país que más bases militares tiene en el mundo, aproximadamente 861 en distintos países, algunas de ellas establecidas por la fuerza (World Beyond War, 2026). 

Según ese y otros medios, el objetivo de estas bases es reaccionar, en menos de 30 minutos, ante situaciones que afecten los intereses del país hegemónico. De desatarse un conflicto, tanto sus portaaviones como su flota y sus contingentes de soldados podrían desarrollar una operación en cuestión de minutos. ¿Y para qué? ¿A qué le llaman conflicto? A cualquier obstáculo a sus intereses económicos.

El aparato del imperio está hecho para una guerra total, no para la paz. El gran agresor, la verdadera amenaza mundial, es Estados Unidos. En cambio, Irán no tiene ninguna base militar extranjera, no posee armas nucleares ni cuenta con armas químicas o de destrucción masiva.

Donald Trump, que se erige como un gran dictador del mundo, con todo el poder de los trust norteamericanos, se burla, sí, se burla descaradamente y sin ningún tipo de conmiseración, de las masacres perpetradas en Irán. 

Trump se burla de la muerte de los líderes políticos de ese país y amenaza sin pudor a todos quienes intenten ponerse al frente de su defensa. En otras palabras, festeja el multihomicidio que se está llevando a cabo en un país extranjero y supuestamente más débil.

De ahí que el coraje, la valentía y la energía con que Irán se ha defendido, a pesar de todas las amenazas del gigante nuclear —en una guerra que expertos han denominado “asimétrica”, una guerra total entre un gigante y un país más pequeño—, deban ser reconocidos y apoyados a nivel internacional. 

Esto podría pasar a la historia como una de las grandes derrotas del imperialismo y, más que eso, como el principio del fin de una era.

Esa es la importancia de la lucha tenaz de Irán contra el superimperialismo cuyo triunfo significaría el inicio del fin de una era de opresión, explotación, saqueo y abusos de una nación contra las más débiles, entre las cuales, por supuesto, México está incluido.

Este es el llamado concreto: la historia está cambiando, un mundo nuevo está naciendo. La forma en que participemos radica en si seremos protagonistas, simples espectadores o incluso opositores al fin de la opresión. 

Seamos de los primeros y no nos limitemos a observar cómo transcurre todo. Apoyemos a Irán y a su pueblo, decidido a resistir, y convirtámonos en la fuerza organizada que esta región del planeta necesita.

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