MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

El ICE y la hora de la unidad de los pueblos

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Es noticia mundial que van 14 mexicanos muertos en (a) manos del ICE (Servicio de inmigración y control de aduanas, por sus siglas en ingles) de los Estados Unidos, lo que de ninguna manera es una casualidad. Hace poco también circuló abundantemente la nota en vivo de cómo los agentes de inmigración asesinaban a sangre fría a una ciudadana norteamericana, después acusándola de querer atropellar a uno de sus elementos, lo que a todas luces no se correspondía con la realidad. Además, es archiconocida la brutalidad y falta absoluta de respeto a los derechos humanos, de que hacen gala todas las corporaciones policiacas de ese país contra quienes no son blancos, en cada una de sus intervenciones, quedando constancia sobrada de personas que mueren asfixiadas por la forma brutal de someterlos, impidiéndoles hasta la posibilidad de respirar.

Es importante recordarlo, y tenerlo presente en estos momentos, porque muchos mexicanos, desgraciadamente, cuando escuchan que Estados Unidos viola el derecho de los pueblos, se la pasa invadiendo territorios imponiendo la “democracia”, “la libertad” y “acabando” con el narcotráfico fuera de sus fronteras, a bombazos (que en realidad no es sino el pretexto para imponerles su propia voluntad a otros pueblos, a lo que no tiene ningún derecho, sólo porque no piensan, no les interesa, ni desean vivir como los norteamericanos), justifican y hasta se alegran de que así sea, quizá por ignorancia más que por indolencia, diciendo que: “se lo merecen esos pueblos porque viven bajo dictaduras y ausentes de libertades y de derechos humanos”.

Lo peligroso, es que las gentes que emiten este tipo de juicios, no se dan cuenta de que ellos mismos, en caso de tener razón en sus apreciaciones, en los hechos tampoco gozan, ni pueden gozar bajo sus actuales circunstancias, de auténtica democracia, ni de los derechos humanos que ellos se imaginan que tienen, y menos, de una tal libertad que se representan en su cabeza. Veamos: por lo subjetivo y abstracto que resulta este tipo de conceptos, alejados un tanto de la realidad y la vida concreta de los ciudadanos, es necesario, desde mi punto de vista,  aterrizarlos en la realidad, confrontarlos con la vida misma, con las circunstancias reales y actuales en nuestra sociedad de hoy, compuesta mayoritariamente por gente pobre o extremadamente pobre como nosotros, la cual habita en nuestro país ahora y, en el cual, tiene que trabajar de sol a sol para sobrevivir y existir como individuo concreto, como familia, como sociedad;  no de forma ideal, sino objetivamente, como gente de carne y hueso, con necesidades muy reales como el  comer, vestir, educarse, curar sus enfermedades,  tener un lugar digno para habitar,contar con servicios de luz, drenaje, agua entubada, tierra e instrumentos para hacerla producir; medios aptos para trasladarse de un lugar a otro, poder adquisitivo para comprar los satisfactores de sus necesidades, poder viajar a todas partes no sólo por contar con el “permiso” sino tener el dinero suficiente para contar con ese verdadero poder, y muchos etcéteras más. Y la mayoría en este país no los tiene. Chéquele.

Así las cosas. Pero ante las agresiones imperiales contra nuestros connacionales, al gobierno sólo se le ocurre  plantear medidas legales por parte del gobierno como las notas diplomáticas y la  denuncia ante la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos, la cual puede emitir disposiciones vinculantes, es decir que obligan a los gobiernos nacionales a adoptarlas, pero lo cierto es que no causarán ningún efecto,  y el gobierno lo sabe; esto, porque los Estados Unidos, como se está mirando, se pasan por el arco del triunfo la razón, el derecho internacional y a la propia ONU; tal como lo declarara recientemente de manera descarada, su presidente, con motivo del secuestro del presidente de la República Bolivariana de Venezuela, y  de los ataques ilegítimos llevados a cabo por los norteamericanos en conjunto con los sionistas de Israel  en contra de la nación persa o iraní, y de las múltiples invasiones llevadas a cabo, prácticamente durante toda su historia como nación, para poder hacerse de la riqueza del mundo que tanto presume como surgida de su propio ingenio. 

Ante esto, surge una pregunta natural y necesaria, entonces ¿Qué nos queda como mexicanos? ¿Quién podrá salvarnos en estas circunstancias? Y la respuesta es, sin duda: ¡nosotros, nosotros mismos!, nuestra unidad, nuestra conciencia, esas que ha intentado por todos los medios echar por tierra, incluso con sus políticas perversas, la 4T. Me explico: México es rico y los mexicanos capaces para todo, en todos los sentidos, aunque hayan intentado hacernos creer lo contrario desde la invasión española, diciendo que lo nuestro no sirve, que somos incapaces de algo digno, atrasados y burdos por naturaleza, y que lo bueno, lo que vale la pena, es lo hecho por sabios y los naturalmente superiores, son las cosas extranjeras, actualmente lo gringo, lo del norte y nada más.

Por eso es la hora de la unidad de los pueblos y entre los pueblos, hacia el interior y hacia lo exterior. Los mexicanos, primero, debemos unirnos entre nosotros, haciendo que la inmensa masa trabajadora que ha levantado al país con su esfuerzo y sudor, pero empobrecida al extremo por la injusta distribución de la riqueza social, se unifique bajo el objetivo común de la defensa de la patria, pero al mismo tiempo, para que esto sea beneficioso para ella en concreto, por la construcción de una sociedad nueva y mejor, más justa, y organizada de tal manera que se reparta equitativamente la riqueza que producimos entre todos. Así la democracia será realmente la expresión de la voluntad de las mayorías, los derechos humanos, a la vida digna sobre todo, no será sólo un concepto o el goce y disfrute de unos cuantos; y la libertad existirá no como un cuento bonito, sino de manera efectiva, entendiendo la libertad como la ejecución de lo necesario, a decir de Hegel, como el conocimiento de la necesidad. Y al exterior, los mexicanos deberíamos aliarnos con los pueblos que buscan la libertad, el desarrollo compartido para todos bajo el respeto mutuo e irrestricto. En ese sentido, por ejemplo, nada ganamos los mexicanos con andarnos peleando con China en materia comercial, que, al fin y al cabo, esa nación no ha hecho nada más que hacernos la vida más llevadera, vendiéndonos su tecnología y mercancías buenas, bonitas y baratas, que de otra manera no serían accesibles para nosotros.

Termino: Para que se le haga caso a México en el concierto de las naciones debe desarrollarse en todos los terrenos, incluido el tecnológico, el militar y el económico. En vez de andar “defendiendo” a los connacionales que han tenido que emigrar al extranjero para poder sobrevivir junto con sus familias porque en su patria no tenían trabajo, buenos salarios, tierra, ni verdaderas oportunidades para salir adelante, debería el gobierno poder garantizarles todo eso, y más, aquí en su tierra, para que estuvieran aquí y vivieran mejor. Por otro lado, al estar roto el derecho internacional por la prepotencia del imperialismo, los países se ven cada vez más en la necesidad de tener las capacidades suficientes para poder hacerse respetar en todos los ámbitos, por eso nos urge el desarrollo, para ser nación verdaderamente independiente y soberana, que produzca, en primer lugar, todo lo que necesitamos para sobrevivir, vivir, y hasta para exportar. Pero, ¿quién podrá hacer todo esto que se necesita, y en un plazo perentorio? Sólo un gigante. Y ese gigante es el pueblo, sólo el pueblo, a condición de que se organice, eduque, politice y ponga manos a la obra con fe y determinación. Nadie más, porque, simple y sencillamente, no está en su interés. Esa es mi particular y modesta opinión.

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