“Levántate y exige que te den lo que es tuyo…”. Hace mucho tiempo, el poeta yucateco, Antonio Mediz Bolio lo expresó con toda claridad en su poema Manelic, el pueblo no debe someterse ni aceptar la injusticia como un destino inevitable. Su llamado describe la realidad de un pueblo que, pese a los discursos sigue enfrentando los mismos flagelos de ayer: pobreza, inseguridad y un sistema que parece ignorar las necesidades básicas del pueblo pobre.

Ante este panorama, es necesario que el pueblo se organice, se eduque, y tome conciencia para luchar por la mejora de sus condiciones de vida y bajo esta premisa, el Movimiento Antorchista Nacional ha trabajado durante más de cinco décadas en las 32 entidades del país, para que tengan presente el origen de su miseria y vean en sus iguales, compañeros para poder unirse y luchar, a fin de transformar sus condiciones de vida y construir una sociedad distinta, una en donde todos podemos vivir dignamente, en donde se privilegie al ser humano sobre la obtención de la máxima ganancia de unos cuantos.
En Jalisco, esta convicción se tradujo en una acción concreta. El pasado 9 de diciembre de 2024, jaliscienses organizados en el Movimiento Antorchista entregaron al gobierno de Pablo Lemus Navarro, un documento que trasciende la simple lista de peticiones sino un mapa de las carencias en el estado. En este pliego se detalla la falta de infraestructura básica, a saber: el agua potable, drenaje, red eléctrica para pueblos y colonias, rehabilitación de los sistemas de drenaje pluvial, bacheo, reparación de caminos, rehabilitación y dotación de medicamentos para los centros de salud, empedrados de caminos, apoyos de vivienda, reparación de carreteras estatales y caminos, pavimentación de calles, apoyo al campo, construcción de aulas escolares, apoyos a casas de estudiantes, tanques de almacenamiento de agua potable, muros de contención, material cultural y deportivo, planta de tratamiento de aguas negras, entre otras.
Sin embargo, a un año de su entrega, la respuesta de las autoridades ha sido el silencio. Esta falta de diálogo no es una simple falla administrativa; es un síntoma de desprecio a la realidad persistente que viven las regiones más olvidadas del estado.
Mientras la narrativa oficial presume un estado a la vanguardia, los datos del Coneval y el Instituto de Información Estadística y Geográfica (IIEG), sitúan a más del 70 por ciento de la población en niveles de pobreza. No hablamos de números abstractos, sino de familias que carecen de lo mínimo para una vida digna. Resulta contradictorio que mientras las autoridades estatales han anunciado una inversión de 20,000 millones de pesos en salud o el inicio de la Línea 5, las comunidades más alejadas sigan esperando una red de drenaje básica. Asimismo, de los 53 mil millones de pesos destinados a educación, poco se refleja en las escuelas de las zonas marginadas, donde el piso de tierra y el techo de lámina siguen siendo la norma.

Zapopan es el ejemplo más lacerante de esta desigualdad. Siendo el municipio con mayor recaudación en el estado, la brecha social es insultante. Mientras la inversión se concentra en obras de lujo en la zona de Puerta de Hierro, a pocos kilómetros existen colonias que carecen de servicios básicos. Esto demuestra que el progreso en el estado tiene beneficiarios selectos y olvidados históricos.
Ante la cerrazón de las autoridades, los antorchistas hemos decidido iniciar la lucha social por mejores condiciones de vida, una lucha a la que invitamos a todos los jaliscienses que no han sido escuchados ni atendidos, a sumarse y a luchar juntos. La historia nos ha enseñado que el cambio es posible, pero requiere de nuestro compromiso y acción. Organizarnos no es solo una opción, es nuestra responsabilidad necesaria para construir un futuro donde la justicia, la igualdad y la prosperidad sean una realidad para todos: “Levántate. ¡Tú eres la fuerza y el derecho!”.
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