Los grandes empresarios y las federaciones internacionales deportivas, que no son otra cosa que el disfraz de los negocios de los millonarios de diferentes países, están muy contentos, ya se frotan las manos y agrandan sus bolsillos para llenarlos con los millones de dólares que logren obtener de los aficionados pues se ha anunciado, con cierta antelación, el Mundial de futbol que se desarrollará en nuestro país, en Canadá y en Estados Unidos del 11 de junio al 19 de julio de 2026.
La creación de seres activos, con un amplio sentido de la responsabilidad y comprometidos con el progreso, se convierte en una necesidad frente a la pasividad promovida por el capitalismo.
El gobierno mexicano sólo es un facilitador de esos negocios que los magnates del deporte impulsan cada cierto tiempo, por eso la urgencia de pacificar al país, algo que pudo haberse hecho desde mucho tiempo atrás y que no se hizo, por eso las grandes inversiones en construcciones y remodelaciones de infraestructura deportiva y la preocupación ficticia por el control de los brotes epidémicos que se han presentado en las últimas fechas.
Hay una exigencia de garantías por parte de los señores del dinero que el gobierno mexicano debe cumplir, de otra manera, no habrá posibilidades para que los empresarios mexicanos también se hagan de cierta parte de las ganancias que dejará un negocio de esas magnitudes.
Poco les importa la cultura física y el deporte de la población mexicana. Frente a los intereses económicos, los derechos de la población no tienen importancia.
En contraste, la XXII Espartaqueada Deportiva Nacional que se desarrollará del 7 al 15 de marzo del presente año en el municipio de Tecomatlán, Puebla, organizada por el Movimiento Antorchista, no despierta el mismo interés del gobierno federal ni el de las demás entidades federativas.
Esta diferencia en la actitud del presente gobierno hacia uno y otro evento nos deja en claro que, bajo el capitalismo, el deporte es un negocio y los eventos de esta naturaleza representan la oportunidad para hacerse de dinero con la complicidad de quienes tienen el poder político.
Este gobierno, que se autodenominó humanista, muestra su verdadero rostro. Hace a un lado el derecho de la población a la cultura física y olvida por conveniencia que un hombre que esté físicamente apto es un hombre saludable y que la salud física y mental es un requisito necesario para la actividad social y laboral del hombre.
Es necesario considerar que esta falta de apoyo de los diferentes niveles de gobierno hacia la XXII Espartaqueada Deportiva no es casual. Su indiferencia es, en el fondo, una oposición a la gestación del hombre nuevo que el Movimiento Antorchista impulsa paciente, pero de forma decidida, a pesar de las adversidades.

La cultura física va más allá de las actividades físicas deportivas. En este sentido, no podemos dejar de señalar que, de inicio, en la actividad humana se encuentra intrínseca la posibilidad de transformar conscientemente nuestro ser y nuestro entorno, de no ser indiferente ante la realidad material y, sobre todo a la social, que no se limita exclusivamente a la movilidad corporal, sino también a la dinámica que se presenta al nivel del cerebro, al análisis activo de las condiciones sociales y la posibilidad de transformar nuestra realidad mediante la acción humana, lo que realmente requiere de la práctica, de ese ser no pasivo.
No podemos olvidar que la creación de seres activos, con un amplio sentido de la responsabilidad y comprometidos con el progreso, se convierte en una necesidad frente a la pasividad promovida por los intereses del capitalismo como, por ejemplo, el consumo excesivo de productos televisivos y sus correspondientes acompañantes para las horas destinadas a ese fin, como son las bebidas excesivamente edulcoradas y las alcohólicas y los productos con alto contenido de carbohidratos, que son la parte medular de las ganancias de las grandes compañías embotelladoras y televisivas y que, en conjunto, completan el daño al ser humano en los niveles físico y mental.
Lo que va unido al impulso de la cultura física es la necesidad del fomento de hábitos saludables, de la importancia del ejercicio físico regular, de una alimentación equilibrada, del descanso adecuado y de la higiene personal, elementos que necesitan ciertas condiciones económicas y de infraestructura para hacerlos realidad.
Mucho de lo que se señala en el discurso gubernamental con respecto a las acciones que implementa el grupo político que hoy está en el poder para la promoción de la cultura física —que, entre otras, es su obligación por la posibilidad que tienen de disponer del dinero de los impuestos para el beneficio de la población—, no coincide con la realidad; hay innumerables carencias, tanto en una planificación objetiva y comprometida como en la infraestructura deportiva básica que tiene el país y en la situación material, sobre todo la de las colonias populares, que es donde se encuentra la mayoría de la población.
A estas carencias se suma la situación económica de los habitantes, particularmente de los jóvenes, que se caracteriza por un gran número de obstáculos que dificultan la realización de los elementos requeridos para la promoción de la cultura física y deportiva.
Por ejemplo, la mayoría de las colonias populares no cuentan con espacios ni infraestructura destinados específicamente al ejercicio físico y, en aquellas donde existen algunas, éstas se encuentran en mal estado y en condiciones inseguras por la falta de iluminación y vigilancia, que resulta un verdadero riesgo para quienes asisten a ellas con el propósito de ejercitarse.
Si los barrios no tienen instalaciones adecuadas para uso comunitario, construidas con los impuestos de la población, en las humildes casas de los vecinos tampoco se podrán encontrar.

La pobreza en la que vive la mayoría de la población en nuestro país es perjudicial para el desarrollo armónico del ser humano, se convierte en un obstáculo que imposibilita desarrollar todas las capacidades, tanto físicas como intelectuales.
México tiene el 55 % de personas en la informalidad laboral y más de un millón sin empleo, lo que necesariamente impacta negativamente en el acceso al ejercicio físico con cierta regularidad, a la alimentación equilibrada, descanso adecuado y a la higiene personal de quienes se encuentran en esta situación, o sea, de la mayoría.
En una población sin un empleo seguro, obligada a buscar alternativas para el sustento económico, laborando en lo que encuentra, sin derechos ni acceso a la seguridad social y con un ingreso económico con el que no se pueden garantizar los productos de la canasta básica para la familia, no es posible acceder a una alimentación adecuada, es decir, al consumo personal de los nutrientes indispensables que requiere el ser humano para estar bien alimentado y, sobre todo, necesarios para la actividad física y deportiva.
De la misma manera, la pobreza impacta negativamente en los otros dos aspectos indispensables para el desarrollo de la cultura física: el descanso adecuado y la higiene personal.
Una persona que sale de un empleo para buscar otro, obligado por la situación económica, los que estudian y trabajan, o quienes diariamente se trasladan durante cinco horas promedio a su trabajo y a su casa de regreso, prácticamente duermen en el transporte público, no tienen un descanso adecuado.
Aun cuando llegan a su casa a completar el sueño, nuevamente deben estar listos para el inicio de la jornada del siguiente día y, por tanto, no reponen completamente las energías perdidas en su actividad laboral, lo que provoca, además del desinterés por la actividad física y mental, un envejecimiento prematuro.
Si la pobreza es el obstáculo visible para el desarrollo de la cultura física y el deporte, recordemos que ella es el resultado de la desigualdad social y que ésta tiene su origen en la propiedad privada y en la explotación; hacia allá deben orientarse nuestros esfuerzos para garantizar a todos este derecho fundamental.
La intención del impulso a la actividad física mediante la organización de las Espartaqueadas deportivas es la incorporación, mediante la masificación, a la práctica deportiva de los mexicanos y con ello ayudar a comprender que esta realidad económica y social se puede transformar mediante la actividad teórica y práctica de las personas, nunca con la indiferencia y la pasividad.
La cultura física y deportiva son aliados importantes en la lucha de los pueblos; las dos educan al ser en la tenacidad, la organización, las cualidades morales y la valentía; todo movimiento verdaderamente progresista debe reconocerlo y, al mismo tiempo, plantearse la enorme tarea de su masificación. Por eso, a pesar de las adversidades, la XXII Espartaqueada Deportiva Nacional va.
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