MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Teatro para despertar

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Cada año, sin falta, cientos de estudiantes, campesinos, amas de casa, obreros y jóvenes de todos los rincones del país emprenden camino hacia el Encuentro Nacional de Teatro que organiza el Movimiento Antorchista y que este año se realizará los días 28, 29 y 30 de noviembre.

Van porque encuentran en el teatro un espacio donde pueden mirarse a sí mismos, comprender lo que viven y descubrir que, incluso en medio de la pobreza, la violencia y la incertidumbre, el pueblo todavía tiene la capacidad de crear belleza, de pensar y de luchar.

Las historias que suben al escenario no maquillan la vida: la exponen, la explican y la denuncian.

Este año, el encuentro celebrará su edición XXIV en el municipio de Tecomatlán, en el Teatro “Aquiles Córdova Morán”, un recinto que se ha convertido en símbolo de resistencia y de cultura popular.

Para Antorcha, el teatro no es un lujo ni un pasatiempo para unos cuantos. Es una necesidad, una herramienta de formación y, sobre todo, un acto de rebeldía. Porque en un país donde millones viven atrapados en empleos mal pagados, con servicios públicos insuficientes y bajo un clima de inseguridad creciente, el acceso a la educación artística se vuelve casi un privilegio.

La cultura, sin embargo, debería ser derecho y alimento. De lo contrario, la gente queda expuesta a la manipulación, la apatía y la enajenación, tres enemigos silenciosos que se fortalecen cuando la sociedad deja de pensar críticamente.

En el Encuentro Nacional de Teatro, los grupos no sólo presentan obras; ponen en escena realidades. El campesino interpreta al obrero; la estudiante da vida a una mujer sometida por la miseria; el joven desempleado se convierte en el personaje que cuestiona por qué la desigualdad sigue marcada como si fuera herencia inevitable.

Las historias que suben al escenario no maquillan la vida: la exponen, la explican y la denuncian. Y ese ejercicio, por sencillo que parezca, despierta algo que muchos mexicanos han perdido: la conciencia de que sus problemas no son naturales ni eternos.

Mientras los grandes medios insisten en que todo marcha bien, en que la pobreza “se combate”, en que los programas sociales “lo resuelven todo” y en que no hay nada que reclamar, el teatro de Antorcha se atreve a decir lo contrario.

Se atreve a mostrar la pobreza sin adornos, la injusticia sin filtros, la corrupción sin metáforas. Y cuando un pueblo ve representada su propia vida en una obra, cuando reconoce en un personaje sus propias frustraciones o su propio sufrimiento, comienza a entender que no está solo y que su situación no proviene de la mala suerte, sino de un sistema económico que lo margina y lo condena.

Por eso, el encuentro anual no es un simple encuentro. Es un espacio de formación política a través del arte. Es una escuela donde el pueblo aprende a pensar, discutir, analizar y, sobre todo, organizarse. Porque ningún cambio verdadero se logra desde la comodidad ni desde la ilusión de que otro resolverá los problemas.

El Movimiento Antorchista ha insistido por décadas en que la cultura es un arma indispensable para que la gente despierte, cuestione y exija transformaciones profundas.

Quienes han asistido al Encuentro Nacional de Teatro lo saben: ahí no se aplaude solo la actuación, sino el esfuerzo colectivo. Los jóvenes que montan las obras no vienen de academias prestigiosas ni de escuelas privadas; muchos trabajan, estudian y ensayan después de jornadas agotadoras.

Sin embargo, el escenario se convierte en su tribuna y en su ventana al mundo. Y es justamente esa capacidad de creación, nacida del pueblo y para el pueblo, la que demuestra que la educación artística puede ser un motor poderoso de cambio social.

México vive tiempos en los que la confusión política es grande. Mientras el gobierno presume logros, la realidad de millones sigue marcada por la desigualdad. Mientras se insiste en que el país avanza, los trabajadores continúan enfrentando salarios insuficientes y condiciones precarias.

Y mientras se asegura que no hay motivo para protestar, las comunidades más pobres siguen esperando caminos, escuelas, hospitales y seguridad.

Frente a esta contradicción, el teatro se convierte en un faro. Enseña, une, organiza y, sobre todo, fortalece la idea de que el pueblo tiene derecho a un país distinto. Un país donde la cultura no sea lujo, donde la organización popular sea escuchada y donde la gente pueda vivir con dignidad.

El Encuentro Nacional de Teatro del Movimiento Antorchista no solo celebra el arte; celebra la esperanza, el trabajo colectivo y la capacidad de un pueblo que no se resigna. Y mientras existan escenarios donde el pueblo pueda contar su propia historia, seguirán existiendo también razones para luchar por un México más justo y más humano.

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