MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Metro de la CDMX, en riesgo

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• Con 5 millones de usuarios diarios el STC padece una crisis por recortes de presupuesto y falta de mantenimiento

El Sistema de Transporte Colectivo Metro, desde hace muchos años, ha sido el centro de la movilidad en la Ciudad de México. Hoy en día, 5 millones de usuarios se transportan a diario en él para acudir a sus labores cotidianas: trabajo, escuela, etcétera.

El Metro es una parte esencial en la vida de 9 millones de capitalinos y de habitantes de su zona conurbada, quienes muchas veces hacen uso de él para agilizar su transporte a sus centros de trabajo o estudio.

En medio de toda la importancia que este medio de transporte representa, se encuentra un factor fundamental: el Metro debería, así como es el transporte más usado, estar en perfectas condiciones, no presentar averías ni retrasos; en fin, funcionar de verdad para que realmente represente un transporte eficiente.

Sin embargo, en los últimos años, el Metro de la Ciudad de México ha venido de más a menos, pues los continuos recortes presupuestales han afectado su correcto funcionamiento e incluso han generado problemas muy lamentables en su servicio, desde retrasos hasta accidentes mortales.

Todos hemos de recordar los graves sucesos que han ocurrido en distintos años, donde el ejemplo más desgarrador es el sucedido en 2021, cuando colapsó la línea 12, lo que dejó 26 personas fallecidas y decenas de heridos, y marcó un punto de inflexión en la percepción pública sobre la seguridad del Metro. No fue un incidente aislado, sino la consecuencia de fallas estructurales ya denunciadas con anterioridad.

A este hecho se suman otros igualmente trágicos: el choque de trenes en la estación Tacubaya en 2020, el incendio del centro de control en 2021 y el choque en la línea 3 en 2023, en el que perdió la vida una joven estudiante.

Pero este no es el único ejemplo que se puede mencionar; desgraciadamente, el Metro todos los días falla en alguna de sus estaciones: retrasos, averías, cortocircuitos, humaredas, inundaciones y un largo etcétera. Este es el panorama que sus usuarios observan al caminar por sus pasillos o al viajar en sus vagones.

Entre 2018 y 2022, el presupuesto asignado al Metro sufrió recortes significativos en términos reales, lo que redujo de manera directa los recursos destinados al mantenimiento de trenes, vías, sistemas eléctricos e instalaciones. Incluso en los años en que se aprobaron recursos, una parte importante no fue ejercida, lo que generó subejercicios que profundizaron el deterioro del sistema.

¿Pero por qué tanto abandono de las autoridades a este sistema de transporte? Si bien saben lo dicho líneas arriba, el Metro es el transporte más popular entre quienes habitan esta enorme ciudad o su área conurbada.

Sencillamente, la dejadez es con conocimiento de causa, pues las autoridades conocen perfectamente la importancia del Metro; para nadie es desconocido, menos para ellas; sin embargo, siempre han puesto entre sus prioridades otras actividades que, a veces, muy poco sirven a quienes representamos las mayorías; y como ellos son quienes manejan los recursos por encontrarse en el poder, pues poco se ha podido hacer al respecto.

En los últimos días se ha visto cómo el Sindicato Nacional de Trabajadores del Sistema de Transporte Colectivo ha intensificado sus protestas, ha levantado la voz y ha puesto otra vez en el foco de atención la pésima infraestructura que posee el Metro.

Asimismo, se ha dicho que existe un deterioro grave que es culpa de la falta de presupuesto; incluso han marchado multitudinariamente sus miles de agremiados —un ejemplo, a movilización reciente de 5 mil trabajadores del STC—, y amenazan con seguirlo haciendo porque las autoridades no han dado una respuesta concreta ante la serie de peticiones.

Es preocupante que los propios trabajadores, los que hacen que funcione este sistema de transporte y quienes realmente conocen sus fallas, sean los que nos digan una vez más que las cosas no marchan bien y que hay problemas graves en el Metro, que hay peligro y, por supuesto, que las autoridades deben otorgar más recursos para salvar al Metro.

No es la primera vez que el sindicato del Metro levanta la voz, pero en los últimos años lo ha hecho con mayor frecuencia; y si damos un seguimiento oportuno a esta problemática, nos daremos cuenta de que, precisamente en los últimos años, es cuando los recursos han venido disminuyendo, sacrificando necesidades apremiantes que tiene el STC.

Las autoridades de gobierno tienen que entender que el problema en el Metro no es netamente técnico, sino social, pues afecta a millones de personas que tienen la necesidad de transportarse a diario a través de él. Sólo por este hecho deben darle la importancia que se merece y otorgarle los recursos necesarios para que funcione mejor y sea un espacio seguro. 

Cada falla, cada recorte y cada omisión representa un impacto directo en la calidad de vida y en la seguridad de quienes menos tienen. La precarización del transporte público es, en los hechos, una forma de violencia estructural contra la población trabajadora.

Preocupa que, a pesar de todas las pruebas, de las experiencias catastróficas vividas y de los continuos accidentes en el STC, las autoridades continúen con una postura dura y reacia, y no exista un compromiso firme para realizar revisiones exhaustivas y periódicas en todas las líneas del Metro.

Y que quede claro que, mientras no se priorice la infraestructura del sistema y no se destinen los recursos suficientes para su mantenimiento, la crisis del Metro continuará profundizándose.

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