MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

REPORTAJE | Colapso maquilador: rostro de un modelo que desecha al obrero

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  • El cierre de corporativos y la pérdida de 64 mil empleos en Ciudad Juárez revelan la fragilidad del sistema manufacturero en 2026

Durante décadas, Ciudad Juárez (como toda la frontera norte) fue presentada como la vitrina del éxito del modelo maquilador mexicano: empleo abundante, crecimiento acelerado y una economía integrada a Estados Unidos. Hoy, esa narrativa se ha derrumbado. El cierre de plantas, la quiebra de corporativos, los despidos masivos y la expansión de la informalidad han convertido a la frontera norte en un territorio marcado por la incertidumbre social.

Ciudad Juárez, epicentro del desastre laboral

Ciudad Juárez, Chihuahua, no es únicamente una ciudad fronteriza: es el corazón histórico del modelo maquilador en México y, al mismo tiempo, el escenario más crudo de su desgaste. Desde finales del siglo XX, su crecimiento urbano, demográfico y económico estuvo íntimamente ligado a la expansión de la industria manufacturera orientada a la exportación. Miles de familias llegaron atraídas por la promesa de estabilidad laboral. Hoy, esa promesa se ha roto.

Con una población estimada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) en más de 1.5 millones de habitantes, Ciudad Juárez atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente.

Marcelo Vázquez Tovar, delegado de la Asociación Nacional de Importadores y Exportadores de la República Mexicana (Anierm), confirmó que, en los últimos años, se perdieron más de 64 mil empleos, principalmente en la industria manufacturera.

Durante años, Juárez concentró uno de los corredores industriales más grandes de América Latina. Más de 300 maquiladoras operaron de manera simultánea, absorbiendo mano de obra proveniente no sólo de Chihuahua, sino de estados del sur del país.

Para miles de personas, la maquila representó la única posibilidad de ingreso formal, acceso a seguridad social y un salario constante, aunque precario.

Hoy, las escenas cotidianas son otras: parques industriales con líneas de producción detenidas, rutas de transporte de personal reducidas y anuncios que declaran una verdad contundente: No hay contrataciones.

La ciudad que durante años fue sinónimo de empleo hoy se ha convertido en un espacio de expulsión laboral. El desempleo dejó de ser una excepción para convertirse en una condición estructural.

Maquilas en quiebra y cierres silenciosos

El colapso no ocurrió de manera súbita, sino por acumulación. Primero llegaron los ajustes: reducción de turnos, cancelación de horas extra, contratos temporales no renovados. Después vinieron los despidos masivos. El caso más emblemático es el del corporativo automotriz First Brands Group (compañía estadounidense proveedora mundial de autopartes), cuya quiebra y cierre afectó a 14 empresas filiales como Hopkins, Brake Parts (BPI), Centric Parts, Subensambles de México y Juárez Parking Plant, que suman alrededor de 5,000 trabajadores, mismos que podrían quedarse sin empleo en Ciudad Juárez, Matamoros y Mexicali.

A este caso se suman empresas que durante años fueron pilares del empleo local. Lexmark cerró definitivamente sus plantas; Foxconn redujo de manera drástica su plantilla; Lear Corporation aplicó despidos recurrentes y Electrolux trasladó operaciones fuera de la ciudad. Cada cierre implicó no sólo la pérdida de empleos directos, sino la ruptura de economías familiares enteras.

Del crecimiento prometido a la desaceleración estructural

Durante décadas, el discurso oficial presentó a Ciudad Juárez como motor del desarrollo regional. Sin embargo, ese crecimiento estuvo basado en una economía altamente dependiente de la maquila, sin diversificación productiva ni políticas públicas que fortalecieran otros sectores. Cuando el contexto global cambió, la ciudad quedó sin amortiguadores.

El impacto de cada cierre maquilador se multiplica en cadena: pequeños comercios pierden clientes, el transporte reduce recorridos, las rentas caen y las familias se endeudan. Colonias enteras, construidas alrededor de parques industriales, entran en un proceso acelerado de deterioro social.

Largas filas desde la madrugada por un empleo

Apenas sale el sol y la escena se repite en las calles en las últimas semanas: largas filas de personas rodean las plantas maquiladoras en Ciudad Juárez. No es una protesta ni un evento especial, es algo mucho más básico y urgente: gente buscando trabajo. Algunos llegaron desde las cinco de la mañana, otros desde la noche anterior, con la esperanza de alcanzar una de las pocas vacantes disponibles.

Pernoctar para alcanzar una ficha se ha convertido en una práctica común. Buscar empleo es hoy un acto de resistencia cotidiana. María Ortiz, operadora de línea durante más de 10 años, fue despedida sin previo aviso: “Nunca pensé que iba a estar formada desde las cuatro de la mañana pidiendo trabajo”, relata. Como ella, miles de juarenses han agotado sus ahorros, vendido pertenencias y recurrido al apoyo familiar para sobrevivir.

Impacto social: familias rotas y precariedad

La pérdida de empleo formal implica mucho más que la falta de salario. Significa la pérdida de seguridad social, acceso a servicios de salud y derechos laborales básicos. En un contexto de inflación y encarecimiento del costo de vida, miles de familias se ven obligadas a recurrir a la informalidad, al endeudamiento o a trabajos temporales sin prestaciones.

El aumento de la precariedad se refleja también en la salud mental. Ansiedad, depresión y estrés se han vuelto comunes entre trabajadores despedidos que enfrentan deudas y rentas impagables. La ciudad carga con un daño social que no aparece en los balances corporativos.

Política económica binacional: abandono estructural

La crisis maquiladora es el resultado de una relación económica profundamente asimétrica entre México y Estados Unidos. Nuestro país apostó por la integración productiva sin construir una política industrial propia ni mecanismos sólidos de protección al empleo.

En este escenario, la actuación de los sindicatos oficiales ha sido insuficiente. Muchas dirigencias se han limitado a comunicados que no cuestionan el fondo del problema. Por su parte, los gobiernos federal y estatales, ya sean de Morena, el PAN u otros partidos, han optado por priorizar el llamado “clima de inversión”, evitando confrontar a las empresas responsables de los despidos.

Aranceles y presión política desde Washington

Las políticas arancelarias impulsadas durante la presidencia de Donald Trump intensificaron la incertidumbre. La amenaza constante de aranceles, la renegociación del T-MEC y el discurso proteccionista provocaron cancelaciones de inversión.

La guerra comercial global ha agravado la miseria de una industria que ya enfrenta el aumento salarial y la preocupación de los inversionistas por las reformas del partido gobernante, Morena.

La informalidad como último refugio

Ante la falta de empleo formal, la informalidad se convirtió en el único refugio. Según datos del Inegi, más del 50 ? la población ocupada en Ciudad Juárez trabaja hoy en condiciones de informalidad. La venta ambulante y los servicios sin seguridad social sostienen a miles de hogares, pero exponen a los trabajadores a una precariedad permanente.

Organización obrera contra un modelo agotado

Frente a este panorama, Marco Antonio Martínez Soto, líder social de Antorcha Obrera en Ciudad Juárez, indicó que conviene recordar las palabras de Carlos Marx y Federico Engels, quienes señalaron: “La emancipación de la clase trabajadora sólo puede ser obra de la propia clase trabajadora”. Nadie vendrá a rescatar al obrero si el obrero no se organiza.

Martínez Soto hizo un llamado urgente a los obreros: organícense en sus centros de trabajo, formen comités y exijan transparencia sindical. No es un favor lo que piden: es justicia. La clase obrera debe ser la antorcha que ilumine el camino de toda la clase trabajadora.

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