En el corazón de la Mixteca baja poblana, donde el sol parece fundirse con la tierra, se celebra un evento que desafía las leyes del mercado y la lógica de la exclusión: la Feria Tecomatlán 2026.
Conocida legítimamente como la “Feria de la Unidad entre los Pueblos”, esta festividad no es sólo una pausa en el calendario para el regocijo popular; es el testimonio viviente de un modelo social que prioriza la elevación espiritual y material de las masas sobre el lucro individual.
La organización de los pobres en esta cuna del antorchismo transformó un terreno árido en un modelo de desarrollo social reconocido internacionalmente.
Mientras que en el resto del país las ferias se han convertido en negocios privados —con entradas costosas, venta desmedida de alcohol y entornos de inseguridad—, Tecomatlán ofrece una alternativa radical.
Durante la edición XXII (del 15 al 22 de febrero de 2026), se ha mantenido una premisa innegociable: todos los eventos son gratuitos. Desde las presentaciones de artistas de renombre como Julio Preciado o El Yaki, hasta los jaripeos con las mejores ganaderías y las muestras gastronómicas de huaxmole y chilate, el acceso es un derecho, no una mercancía.

Esta gratuidad no es un regalo del gobierno, sino el resultado del trabajo colectivo. Durante un año entero, el comité organizador y el pueblo de Tecomatlán realizan rifas, colectas y actividades económicas para financiar una fiesta que cuesta millones de pesos. Es la soberanía financiera del pueblo organizado aplicada al arte y la cultura.
Para entender la relevancia de esta feria, es obligatorio mirar el papel del Movimiento Antorchista. Hace 52 años, Tecomatlán era un pueblo sumido en el cacicazgo y la marginación extrema.

La organización de los pobres en esta cuna del antorchismo transformó un terreno árido en un modelo de desarrollo social reconocido internacionalmente (como por el premio City to City Barcelona).
La relevancia de Antorcha en la región no se limita a la feria; se palpa en la infraestructura que la sostiene:
Educación: Un sistema que va desde preescolar hasta el Instituto Tecnológico de Tecomatlán, permitiendo que los jóvenes de la región se profesionalicen sin abandonar sus raíces.
Deporte y Cultura: Instalaciones como la Unidad Deportiva “Wenceslao Victoria Soto” y la Plaza de Toros “La Antorcha”, que son sedes de eventos nacionales como las Espartaqueadas.

Seguridad: Tecomatlán presume un índice de criminalidad prácticamente nulo, un “oasis” de paz en un contexto nacional violento, gracias a la cohesión social y la vigilancia comunitaria.
El enfoque social de la Feria de Tecomatlán radica en su capacidad de democratizar la belleza. Para Antorcha, la cultura no es un adorno; es una herramienta de transformación mental.
Al llevar grupos de danza folclórica, música sinfónica y teatro de alto nivel a los campesinos y obreros de la Mixteca, se combate la alienación y se fomenta una identidad crítica y orgullosa.
La feria es un manifiesto político: demuestra que cuando el pueblo se organiza y toma las riendas de su presupuesto y su destino, puede construir ciudades con calidad de vida europea en medio de la geografía más difícil de México.

La “Unidad entre los Pueblos” no es sólo un lema; es la convergencia de miles de visitantes de Guerrero, Oaxaca, Veracruz y otros estados que ven en Tecomatlán el espejo de lo que sus propias comunidades podrían llegar a ser.
La Feria Tecomatlán 2026 es, en última instancia, una lección de economía política. Nos dice que la pobreza no es un destino geográfico, sino una condición política que se rompe con organización.
En un México fragmentado, esta feria se erige como un faro de lo que la unión popular puede lograr: una fiesta donde el pobre no es espectador de la riqueza ajena, sino el dueño legítimo de su propia alegría y progreso.
0 Comentarios:
Dejar un Comentario